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viernes, 30 de octubre de 2009

Apología del método

Dani Rodrik nos cuenta una anécdota de esas que le gustan a Frank. La copio aquí:

Many MPAID students wonder why they need to know about quasi-concavity and all that in order to be good at what they came here for--which is to improve the lives of the poor.

So I tell them a story about Sir W. Arthur Lewis. When I was a master's student myself at Princeton, I once attended a lecture that he gave on real wages, the commodity terms of trade, and North-South income differentials. The talk had no math in it. One of the younger faculty members of the economics department was sitting in the front row, and I could see him scratching his head in confusion throughout the talk. A few minutes after Sir Arthur was done, this young professor jumped up in excitement and went up to the board. "Now I get it!" he exclaimed and began to scribble some equations on the board. "This is the equation which relates to what you said in the first part of your talk, and this one expresses the other, and here is a third... and now finally we have three independent equations that determines your three endogenous variables..." Sir Arthur kept on his bemused smile as his lecture was explained to him in mathematical terms.

The moral of the story is that if you are smart enough to be a Nobel-prize winning economist maybe you can do without the math, but the rest of us mere mortals cannot. We need the math to make sure that we think straight--to ensure that our conclusions follow from our premises and that we haven't left loose ends hanging in our argument.

In other words, we use math not because we are smart, but because we are not smart enough.

We are just smart enough to recognize that we are not smart enough. And this recognition, I tell our students, will set them apart from a lot of people out there with very strong opinions about what to do about poverty and underdevelopment.


Al margen de que me haya gustado mucho el palo del último párrafo, me encanta la explicación. La economía es una disciplina muy complicada, donde para cualquier fenómeno existen muchas variables que están dando vueltas por el aire y posiblemente se influyan mutuamente. Las matemáticas nos ayudan a ordenar el pensamiento. Primero en esquemas básicos y sencillos, para luego ir introduciendo complejidad al análisis: más variables, más heterogeneidades, más interrelaciones, más dimensiones de análisis, etc. Tenemos una serie de algoritmos que nos permiten resolver ciertos problemas económicos de diversa dificultad. Y somos tan tontos que no podemos resolverlos mentalmente sin escribir el algoritmo en un paper. Lo mismo le sucede a los niños que cuentan con los dedos: todavía no pueden sacarlo mentalmente.

Obviamente que hayamos desarrollado un modelo que explique un fenómeno no significa que no puedan existir modelos diferentes o incluso parecidos que arrojen un resultado diferente. El objetivo es ir aprendiendo en capas, ir desarrollando un conjunto de modelos y evidencia que te de un cachito de conocimiento sobre algo que antes no sabías ni como pensar.

lunes, 15 de junio de 2009

Categorico versus comparativo

Si hay algo que distingue a los economistas de otros intelectuales es la tendencia del economista a pensar en terminos comparativos. Mientras que un filósofo hablará en términos de bien-mal o justo-injusto, como categorías mutuamente excluyentes, los economistas hablarán de lo "mejor a" y lo "peor a". En vez de pensar en categorías, pensamos en comparativas: siempre hay un costo de oportunidad dando vuelta, siempre hay un trade-off por algun lado, nada es gratis. La existencia de trade-offs arruina los purismos: vivimos en la tristeza de las zonas grises, mientras que los filósofos pueden deleitar su imaginación con revoluciones perfectas o liberalismos impolutos.
No es mi intención aburrir con epistemología, pero existen muchas discusiones que realmente terminan oscurecidas por no poder distinguir el método subyacente. Hace unas semanas mi amigo personal y co-blogger Frank discutía en este post con Ana C. (fiel lectora, la endulzo un poco antes del palo del parráfo final) respecto de la necesidad de leer un libro como de micro básica para entender economía. Encontrar un individuo que no leyó un manual básico pero que es versado en materia económica es suficiente para argumentar que leer "el Varian" no es una condición necesaria. Creo que todos le damos la razón a Frank: no, no es necesario. Tampoco suficiente, por caso. Pero fijense que la argumentación lógica, indispensable para demostrar teoremas, es engañosa en el sentido que vuelve casi irrelevante la discusión. ¿Que es "saber economía? Fijense que hasta el eje del debate está planteado en términos categóricos: sabe vs. no sabe. O alternativamente se dice "saben mucho", que también constituye una categoría o un subconjunto de aquellos que "saben economía".
Todos sabemos "algo" de economía, manteniendo una definición amplia de economía. No hay nadie que no sepa nada: hasta las ratas saben economía! El verdulero analfabeto y el panadero con primaria incompleta entienden más de rotación de inventarios que el economista promedio. He aquí que los términos de la discusión no son muy alegres: el tema no es "saber-no saber", sino verlo comparativamente: rankear. Ceteris paribus, sabe más de economía alguien que leyó (y entendió) el Varian que alguien que no lo ha hecho. Al menos yo pondero las opiniones según la autoridad intelectual del que las pronuncia, excepto cuando son políticos en campaña.
Dicho esto, vale aclarar que es bastante obvio que existen rendimientos decrecientes en la lectura de libros. Todavía no estoy ni cerca del punto de decir que lo que leo no me aporta capital humano, pero considero que ya superé un umbral de conocimiento que me permite sostener dignamente un argumento sin mostrar mi biblioteca. Como decía un amigo mío: dime de que alardeas y te diré de que careces.

martes, 26 de mayo de 2009

Berretonomics (Sokal affair)

Conocen el Sokal affair? No tiene desperdicio.
Sokal, a professor of physics at New York University, submitted a paper for publication in Social Text, as an experiment to see if a journal in that field would, in Sokal's words: "publish an article liberally salted with nonsense if (a) it sounded good and (b) it flattered the editors' ideological preconceptions.
Los resultados de este escándalo terminaron en la edición del libro Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectuals' Abuse of Science , escrito por Sokal y Bricmont. Pero si están apurados y quieren saber de que se trata, esta carta de Sokal resume todo bastante bien.

Les dejo esta frasesita para masticar: the displacement of the idea that facts and evidence matter by the idea that everything boils down to subjective interests and perspectives is the most prominent and pernicious manifestation of anti-intellectualism in our time. Larry Laudan, Science and Relativism (1990)