Hay pocos símbolos que causen más rechazo en la sociedad que un muro. Peor todavía es el acto de levantarlo. Todos vimos la caída del Muro de Berlín, todos escuchamos a Roger Waters alguna vez. Hay un inconsciente colectivo que odia las divisiones de todo tipo, porque somos todos hermanos e iguales, hijos de la Revolución Francesa. Levantar un muro hoy en día garantiza ser tildado de dictador, fascista o xenófobo. Pocos políticos se animarían a tanto.
Que Posse esté levantando un muro entre La Horqueta y Villa Jardín es una clarísima señal de que el problema de la inseguridad existe y sobre todo de que la clase política está bien al tanto. Quedará para otro post la discusión de si el muro sirve o no o de si es ético construirlo.