La postura oficial respecto de la inflación fue evolucionando a lo largo de los años: la inflación no existe, existe pero es pequeña, es culpa de los formadores de precios, es un reacomodamiento, etc. Nos enteramos de la más reciente vía Olivera: Aníbal Fernández dice que hay inflación de demanda.
Creo que se sigue errando el punto principal. Si tan sólo fuera un problema de inflación de demanda estaríamos ante el clásico trade-off: crecimiento VS inflación. Ergo sería válida la defensa progre de que se está asumiendo una mayor inflación con vistas de generar un mayor crecimiento (esto obviando los efectos regresivos y distorsivos de la inflación).

Pero el problema central con la inflación en la historia argentina no es la inflación en sí, sino las expectativas de inflación. Cuando los agentes ajustan sus expectativas, dicho trade-off es válido sólo en el cortísimo plazo, a la larga nos quedamos sin el pan y sin la torta: estancamiento con inflación, lo que se conoce como estanflación. Y esto no es un fenómeno de demanda, sino de oferta.

Con un gasto público que crece hasta alcanzar niveles récords, no sorprende que el aumento de la demanda no sólo se haya acomodado a este shock de oferta, sino que lo haya excedido con creces. Sin embargo, esto no oculta el problema de la inflación inercial. Hace unos años nos acostumbramos a vivir con un piso de inflación del 10%, hoy en día nadie espera menos de 20% de aumento para el año siguiente. La maquinita ya está en marcha, y será responsabilidad de este gobierno o del posterior domar las expectativas, tarea muy difícil de realizar una vez que nos salimos del reino del trade-off.