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lunes, 11 de enero de 2010

Sesgo de selección

Los economistas somos bichos raros, y aunque nos demos cuenta nunca llegamos a comprender la magnitud de nuestras rarezas. Situación cotidiana: cuatro amigos de oficina, de los cuales tres son economistas con perfil académico y uno abogado se juntan a almorzar. El abogado, como siempre, toma el punto opuesto en todas las discusiones.

Otra situación menos cotidiana: vacaciones. Hermosa época para interactuar con la familia y amigos... lástima que tus amigos y familia estén compuestos por artistas, psicólogos, sociólogos y otros. Ahora sos vos el abogado, el que toma la punta opuesta en las discusiones. El que dice que la música no es más que un fenómeno físico, un conjunto de ondas sonoras emitidas por algún instrumento que son recibidas por el oído e interpretadas por el cerebro. El que insiste en abstraer, en analizar un problema puntual llevándolo a las categorías más generales posibles y luego re-introduciendo las especificidades del caso. O dicho de otra forma, por qué no está mal que en la Costa Atlántica existan playas privadas, o que el agua embotellada se venda. El que apelando a un simple producto cartesiano le dice a un músico que si el conjunto de sonidos perceptibles por el oído humano es finito, entonces existe un número finito de melodías que pueden construirse en una cantidad de tiempo finita. Sólo resta que alguien las componga. Y que en algún momento futuro las computadoras podrán componer todas las melodías imaginables. Lo mismo aplica a la escritura. Claro está que si todavía no se pudo resolver un juego trivial como el ajedrez, lejos estamos de conocer todas las melodías posibles. Ahí está la letra chica, pero el concepto se mantiene.

El punto de esta desordenada colección de palabras veraniegas es lo del título. Entre los economistas sufrimos un importante sesgo de selección: el común de la gente es menos economista de lo que los economistas pensamos. La gente está acostumbrada a pensar los problemas de formas muy diferentes a como nosotros los economistas los pensamos y si bien creo que el nuestro es un instrumental superior, cada tanto deja de convencerme la idea de que somos físicos que explicamos las leyes que utiliza inconscientemente el jugador de billar al pegarle a la bola. Hoy amanecí muy behavioral.

Una anécdota reciente. Hoy salí del departamento con mi cuñado. La calle está girando a la izquierda, pero el tomó el ascensor que está a la derecha del departamento (no el que está a la izquierda). Nos subimos y le digo "el otro camino es más corto". Sonríe y me dice "vos siempre tan economista", pero para ese momento yo ya estaba retractandome por dentro y pensando que, en rigor, el ascensor de la izquierda era más utilizado por ser más cercano a la calle y que por ende quizás sea óptimo siempre tomar el de la derecha: gastas un metro más de recorrido pero ahorras varios segundos ya que se utiliza menos. Subimos al auto y le comento mi corrección, y me dice "no se, se utilizan bastante parejo". Me callo y pienso que no entendió nada, que en vano explicar más, que el trade-off tiempo-distancia, que hay un aire a Hotelling, que de donde llaman al ascensor, que tendría que hacer las cuentas, etc.

No les pasa algo parecido? Díganme que sí, por favor. Son mi catarsis, me siento incomprendido.