A mi humilde entender, ser un buen economista en cierto grado implica una alta dosis de incredulidad respecto de las motivaciones humanas. Nos cuesta mucho creer que el hombre esté motivado por algo distinto que la maximización de su propia utilidad. Incluso cuando aparentemente no maximiza su propia utilidad, lo hace: es un argumento tautológico por construcción. Me explico: si un hombre dona toda su riqueza, lo hace porque le da placer y en su función de utilidad pondera dejar herencia o donar dinero. Por construcción, maximiza su utilidad cuando dona plata, y por ende incluso las manifestaciones altruistas son abarcables dentro deuna función de utilidad. Un ejemplo de esto puede verse en el ya clásico paper de Rabin, "Incorporating Fairness into Game Theory and Economics", donde finalmente hace aparición una función de utilidad con "fairness" como uno de sus argumentos (ver página 1287)
Otra característica de los economistas es la incredulidad respecto de la retórica. Hablar es comunicar, comunicar produce información, emite señales y afecta las decisiones económicas. Excepto claro, cuando se trata de cheap talk, es decir, cuando hablar es gratis y los incentivos no están alineados (ver aquí). En vez de creer en lo que la gente postula, creemos en lo que la gente efectúa: preferencia revelada, primer curso de microeconomía. Un ejemplo: un tipo dice que le preocupa mucho el medio ambiente, y como consecuencia dona 20 pesos por mes a Greenpeace. Dicho de otra forma, el medio ambiente le interesa como mucho 20 pesos por mes. Una salida al cine. Cinco cafés. Que le interesa la ecología está claro. Pero no le interesa tanto como declara. Probablemente gaste más tiempo en internet armando el equipo del Gran DT que haciendo activismo ecológico. Situacion parecida es la de mucha gente que le interesa lo que pasa en Sudan. En parte para poder mostrar su cultura en un almuerzo de domingo. En parte por genuino interés. Pero claramente no le interesa lo suficiente como para hacer algo al respecto mas allá del "que barbaridad, que terrible lo que pasa en Sudán... viste?"
El pensar que la gente es auto-interesada y considerar que en la cancha se ven los pingos, que uno puede declarar interés en muchas cosas pero lo que importa es lo que hace al respecto -y cuanto resigna al hacer algo al respecto es una medida de cuanto le interesa- conlleva adoptar una visión muy cruda de la vida, visión que parte del reconocer que:
(1) Uno hace esencialmente lo que quiere con su vida dadas las diversas restricciones físicas y económicas. Incluso cuando uno "sacrifica" algo en forma voluntaria, lo hace porque quiere: sino no lo haría.
(2) Muchas causas nobles nos interesan lo suficientemente poco como para no hacer nada al respecto, y otras nos interesan tanto que donamos recursos equivalentes a una pizza por mes. Dos pizzas ya nos parece mucho.