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lunes, 19 de octubre de 2009

Autointeres y preferencia revelada

A mi humilde entender, ser un buen economista en cierto grado implica una alta dosis de incredulidad respecto de las motivaciones humanas. Nos cuesta mucho creer que el hombre esté motivado por algo distinto que la maximización de su propia utilidad. Incluso cuando aparentemente no maximiza su propia utilidad, lo hace: es un argumento tautológico por construcción. Me explico: si un hombre dona toda su riqueza, lo hace porque le da placer y en su función de utilidad pondera dejar herencia o donar dinero. Por construcción, maximiza su utilidad cuando dona plata, y por ende incluso las manifestaciones altruistas son abarcables dentro deuna función de utilidad. Un ejemplo de esto puede verse en el ya clásico paper de Rabin, "Incorporating Fairness into Game Theory and Economics", donde finalmente hace aparición una función de utilidad con "fairness" como uno de sus argumentos (ver página 1287)
Otra característica de los economistas es la incredulidad respecto de la retórica. Hablar es comunicar, comunicar produce información, emite señales y afecta las decisiones económicas. Excepto claro, cuando se trata de cheap talk, es decir, cuando hablar es gratis y los incentivos no están alineados (ver aquí). En vez de creer en lo que la gente postula, creemos en lo que la gente efectúa: preferencia revelada, primer curso de microeconomía. Un ejemplo: un tipo dice que le preocupa mucho el medio ambiente, y como consecuencia dona 20 pesos por mes a Greenpeace. Dicho de otra forma, el medio ambiente le interesa como mucho 20 pesos por mes. Una salida al cine. Cinco cafés. Que le interesa la ecología está claro. Pero no le interesa tanto como declara. Probablemente gaste más tiempo en internet armando el equipo del Gran DT que haciendo activismo ecológico. Situacion parecida es la de mucha gente que le interesa lo que pasa en Sudan. En parte para poder mostrar su cultura en un almuerzo de domingo. En parte por genuino interés. Pero claramente no le interesa lo suficiente como para hacer algo al respecto mas allá del "que barbaridad, que terrible lo que pasa en Sudán... viste?"
El pensar que la gente es auto-interesada y considerar que en la cancha se ven los pingos, que uno puede declarar interés en muchas cosas pero lo que importa es lo que hace al respecto -y cuanto resigna al hacer algo al respecto es una medida de cuanto le interesa- conlleva adoptar una visión muy cruda de la vida, visión que parte del reconocer que:
(1) Uno hace esencialmente lo que quiere con su vida dadas las diversas restricciones físicas y económicas. Incluso cuando uno "sacrifica" algo en forma voluntaria, lo hace porque quiere: sino no lo haría.
(2) Muchas causas nobles nos interesan lo suficientemente poco como para no hacer nada al respecto, y otras nos interesan tanto que donamos recursos equivalentes a una pizza por mes. Dos pizzas ya nos parece mucho.

martes, 5 de mayo de 2009

Dar es dar



Hace unos días en La Plata una pareja se dejó en el taxi una mochila con 130 lucas adentro (habrán sido Felisa Miceli y esposo?). Resulta que la pareja estaba de suerte, porque el taxista era un buenazo y gracias al DNI que estaba en la mochila rastreó a los dueños y les devolvió la plata íntegra (si, el gesto nos sorprende a todos, somos una sociedad triste). 
Ahora un grupo de gente que quiere devolverle el gesto a este tipazo armó el portal www.devolvelelaguitaaltaxista.com. La joda está en que cada uno ofrezca un monto de dinero, bienes o servicios y deje sus datos para que el taxista se ponga en contacto. Hasta la fecha llevaban recaudados más de 25 mil pesos. Las ofertas son divertidas: desde 10 pesos, reparación de la compu o del auto, masajes, hasta clases de portugués. 
En este post quiero hablar acerca de la valuación que cada uno hace sobre lo que ofrece. Claramente los donantes del portal valúan sus ofertas a precio de mercado. Sin embargo, las cosas valen lo que cuestan cuando todos tenemos las mismas preferencias; en un contexto de preferencias heterogéneas, en cambio, se cumple el dicho "sólo un necio confunde valor y precio". Es más, supongamos que cada uno ofrece lo que más valora a su precio de reserva, entonces si el taxista tiene otros gustos lo más probable es que lo valore menos que nosotros, y por lo tanto si todos hacemos lo mismo el pobre tipo se va a terminar llevando un montón de cosas que le resultaron carísimas. Se aprovechan de su nobleza... Mejor sería si cada uno le regalara lo que menos valorase, al precio al cual lo valorase. En ese caso el tipo se llevaría la guitarra del cura y la biblia del guitarrista, los mismos bienes pero a menor precio estimado.
Un buen punto en contra de este argumento es que si bien las preferencias pueden variar, es razonable que al menos estén fuertemente correlacionadas. Entonces no tiene sentido dar lo que menos queremos, lo más probable es que para el taxista también sea basura.
Mi última recomendación es que, en todo caso, las cosas se valúen a costo marginal. Como en general los donantes ofrecen los bienes que ellos mismos producen, me gustaría poder evitar chantadas como la siguiente:
Te regalo una consulta de terapia floral, para resolverte algún problema anímico que tengas. Equivale a: $40.