
La columna de Mankiw en el New York Times me hizo acordar de una frase que pasó desapercibida en el State of the Union address del mes pasado. Dijo Obama (la traducción es mía):
"Un último punto acerca de la educación. Hoy hay cientos de miles de estudiantes que se destacan en nuestros colegios y no son ciudadanos estadounidenses. Algunos son hijos de trabajadores indocumentados, y no son responsables por las acciones de sus padres. Crecieron como estadounidenses y prometen lealtad a nuestra bandera, sin embargo viven todos los días bajo la amenaza de deportación. Otros vienen desde el extranjero a estudiar en nuestros colegios y universidades. Pero ni bien completan estudios avanzados, los mandamos de vuelta a sus países a competir contra nosotros. Esto no tiene sentido."
Fea la actitud. Lo banco a Obama y creo que le va mal en las encuestas sólo porque le tocó bailar con la crisis económica. Pero esta no se la puedo dejar pasar.
Por un lado, se puede pensar a las universidades que admiten alumnos extranjeros como una exportación de educación. Desde esta perspectiva, si una institución desea exportarle educación a determinado alumno de determinado país, debería ser libre de hacerlo más allá de que al gobierno le moleste que la transacción se haga con un extranjero en vez de un yanqui. Me hace acordar a los argumentos kirchneristas en la pelea contra el campo. Ustedes exportan carne, los argentinos comen carne: ergo prohibido exportar carne.
El intercambio, sin embargo, no es tan simple. La mayoría de los programas top en EEUU no sólo no les cobra la matrícula a sus alumnos, sino que hasta les paga los gastos de alimentos, vivienda y recreación. No es poca cosa, teniendo en cuenta que los doctorados en ciencias suelen extenderse hasta cuatro años y en algunos casos, como economía, todavía más. Esto es porque estos alumnos no son tanto clientes de las universidades sino más bien proveedores. Aquellas los educan porque al mismo tiempo los necesitan como insumo principal para hacer investigación. ¿Restricciones a las importaciones y también a las exportaciones? Falta que manden a Moreno al BLS.
Por último, el problema de este mercado en particular es que sus agentes no se guían por el lucro. Si a las universidades les interesara más la plata que el amor al saber, se dedicarían a llenar las aulas de extranjeros y fajarlos con la cuota. La discusión sería más fácil entonces, porque habría toda una industria educativa (directores, maestros, personal de limpieza, librerías, inmobiliarias, empresas constructoras) que saldría a oponerse al sesgo antiexportador obamista. Los alumnos, por su parte, serían mucho más sensibles al precio de la educación y la demanda sería más elástica. El argumento de los exportadores sería simple, no tenemos poder de mercado ni rentas, si me ponés un impuesto o una restricción se me van todos a estudiar a otro país.
Creo que lo que olvida Obama es que lo que hace al prestigio de las universidades yanquis es la calidad de los alumnos que llenan sus aulas, y no al revés. Lo mismo pasa con el Colegio Nacional de Buenos Aires y con toda institución que tiene exámenes de ingreso restrictivos. Pero eso lo dejo para otro post.