
La estrategia oficial para cualquier problema siempre fue minimizar el costo político (o maximizar el rédito) en lo inmediato y patear el problema para más adelante. Se aplica a la energía, inseguridad, inflación, piquetes, y también, cómo no, al zafarrancho de Gualeguaychú. Pero pasa el tiempo, los problemas se van amontonando y llega un punto en el que se producen los cuellos de botella. Y ahí es cuando las inconsistencias quedan al descubierto. Falta de gas, reclamos sindicales, juicios de jubilados,
y ahora una urgencia cada vez mayor de terminar con un corte que ya lleva cuatro años.
El gobierno dice: "vamos a liberar el puente de manera pacífica"
Los asambleístas dicen: "vamos a resistir de manera pacífica"
Estamos ante la presencia de un
nuevo trilema, según el cual el puente se libera de manera pacífica y los asambleístas no resisten, o los asambleístas resisten de manera pacífica pero el puente no se libera, pero no se pueden dar ambas al mismo tiempo y que reine la paz.