






En el plano político, los cambios de gabinete no sólo repiten las personas sino también la lógica de comportamiento anterior al 28 de junio. A fuerza de repetirse, esa lógica de comportamiento es ya conocida y podría llamarse de “repetición perpetua”. Los pasos fundamentales de la lógica de la repetición perpetua son esquemáticamente así: (1) cuando un problema hace aumentar la presión política excesivamente (ejemplo: INDEC, intervenciones à la Moreno) se rotan funcionarios (ejemplo: Boudou de ANSES a economía); (2) los flamantes funcionarios anuncian cambios que parecen expresar un nuevo rumbo (ejemplo: cambio de dependencia del INDEC); (3) los funcionarios o los anuncios son descalificados de hecho (ejemplo: se nombra un “director técnico” poco creíble en el INDEC); (4) esos funcionarios realizan reuniones con actores clave sobre temas clave; en la reunión se decide poco o nada y luego los participantes dan versiones encontradas sobre lo negociado (ejemplo: última reunión del campo). Al llegar a este punto –que se parece a la situación actual-, cualquier persona racional estará tentada de predecir el futuro aplicando su conocimiento sobre el pasado: (5) el flamante funcionario no resuelve nada, las políticas se mantienen incólumes y el funcionario se desgasta aceleradamente; (6) los conflictos y desequilibrios se agudizan y aumenta la presión política; (7) todo vuelve a empezar desde el punto (1).
Es justamente la aplicación de esta lógica de la repetición perpetua la que podría llevar a pensar que la actual es una situación de impasse. Sin embargo, esta conclusión sería errónea: independientemente del contenido, una condición necesaria para seguir por el carril de la repetición perpetua es que las políticas sean sostenibles y las actuales no lo son.

Si entraste a leer esto pensando que vamos a descubrir algo mejor que la pólvora, olvidate. Pero ciertamente podemos apropiarnos de las noticias que acontecen día a día para recordar que el diálogo debería ser declarada oficialmente herramienta de policymaking.
Ayer se reunieron Macri y Cristina para conversar ciertos temas, o incluso para crear una agenda desde cero. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires es menos autónoma de lo que se cree. Ya desde 1860 vio federalizados sus recursos: Aduana a la Nación, policía a la Nación, transporte, justicia, etc a la Nación.
Como dice Massa, el intendente está para (pre)ocuparse de hacer cloacas, arreglar las vereditas, hacer una placita, etc. Salvo la ciudad de Buenos Aires, que al ser tan grande uno esperaría que su Jefe de Gobierno pueda hacer más cosas. O no. Exageremos un poco, pero pareciera ser que a Macri tampoco le queda otra que dedicar su tiempo a tapar los baches y alguna que otra cosita más. De grandes obras ni hablar. Y si no, resumamos lo que dice la nota de Clarín:
Si Nación no te autoriza, la Ciudad queda “paralizada”. Entonces es preferible que Ciudad y Nación sean del mismo partido. Y ya que estamos, que la Pcia de Buenos Aires también y que el Congreso tenga mayoría oficial. Pero si pasa esto, el poder enferma. Parálisis impide desarrollo y ceguera de poder impide desarrollo.
Y ahora, ¿qué herramienta de policymaking podrá defendernos?
