Recientemente tuve la grata oportunidad de embarcarme en un viajecito por los EEUU, por motivos personales/profesionales/educativos. A pesar de no ser la primera vez que lo visitaba, me llevé muchas conclusiones, una de las cuales vino a reafirmar algunas consideraciones preexistentes: EEUU es un gran país. Se podría decir que no existen los estadounidenses, sino los neoyorquinos, washingtonianos y californianos. Dado esto, es muy impactante para quien está de paso identificar uno de los grandes denominadores comunes a todos estos habitantes: el respeto sagrado a la señal de Stop. En todas las ciudades que visité observé cómo los automovilistas al ver una señal de Stop frenaban completamente sus vehículos, sin importar el horario del día, la cantidad de automóviles en la calle o de peatones en las veredas a punto de cruzar. Inmediatamente me vinieron a la cabeza la infinidad de papers que insisten en la explicación institucional del desarrollo económico. Me resultó obvio entonces cómo un país en el que un tipo en medianoche y con la calle desierta detiene su automóvil por respeto a la señal de Stop no puede terminar en el subdesarrollo. Basta con que este comportamiento se vea replicado en el resto de los niveles de la sociedad y especialmente del gobierno; la mano invisible y el Segundo Teorema del Bienestar harán el resto.
Sin embargo, no hay que ser tan ingenuo para creer que los estadounidenses son "más buenitos" que los argentinos. No lo son, sino que responden a los incentivos tal cual lo hacen acá. Resulta que quien quiebra la ley recibe una condena, y es mucho más probable que a uno lo detecten infringiendo la ley en un contexto en el que todos la cumplen, a diferencia del otro equilibrio de Nash en el cual todos incumplen y ninguno va preso.
Ahora, ¿cómo logramos que todos los argentinos frenen ante una señal de Stop, si ni siquiera podemos impedir que se circule por la banquina? Anterior a esta pregunta es esta otra: ¿es una condición necesaria para el desarrollo que sus individuos respeten las múltiples señales de Stop escritas en sus leyes? O más interesante aun: suponiendo que lo es ¿vale la pena invertir grandes cantidades de recursos escasos en reeducar a la población, o dado el enorme esfuerzo requerido es óptimo en su lugar seguir insistiendo con el "modelo argentino"?
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Todas las columnas de Lani Hanglin en La Nación son buenas. En particular, me gustó la última, en la que el autor destaca las bondades educativas de viajar:
No es caro viajar. Tres o cuatro mil dólares alcanzan para pagar una experiencia que equivale a lo que se aprende en 20 años de vida, vividos dentro de nuestra aldea sudamericana.